Seguro que alguna vez has jugado en la piscina o en la bañera y, al salir, tus dedos parecían los de una persona de cien años o una uva pasa. Durante mucho tiempo, incluso los científicos pensaban que esto pasaba simplemente porque el agua entraba en la piel y la hinchaba, ¡pero estaban equivocados!
No es el agua, es tu cerebro
Lo más increíble de este fenómeno es que no es algo que le pase a la piel por accidente, sino que es una orden directa de tu sistema nervioso.
Si los nervios de un dedo no funcionan, ese dedo nunca se arruga, aunque lo dejes en remojo todo el día. Esto demuestra que es tu cerebro el que decide arrugar la piel cuando detecta que tus manos y pies llevan un rato mojados.
¿Cómo lo hace nuestro cuerpo?
Cuando el cerebro nota la humedad constante, envía una señal a los vasos sanguíneos que están debajo de la piel de las yemas de los dedos:
Se encogen: Los vasos sanguíneos se hacen más estrechos.
Efecto vacío: Al haber menos volumen debajo, la piel de arriba se tiene que plegar para adaptarse al nuevo espacio, creando esos canales o valles que llamamos arrugas.
¿Para qué sirve tener dedos de pasa?
Los científicos creen que esta es una técnica de supervivencia que heredamos de nuestros antepasados. Las arrugas funcionan exactamente igual que los dibujos de los neumáticos de un coche o las suelas de tus zapatillas de deporte:
Mejor agarre: Los canales permiten que el agua se escape rápidamente hacia los lados cuando sujetamos algo.
Antideslizante: Al estar mojados, estos pliegues nos permiten sujetar objetos (como piedras o comida debajo del agua) sin que se nos resbalen de las manos.
Caminar seguros: En los pies, las arrugas ayudan a que no nos resbalemos al caminar sobre superficies húmedas o rocas mojadas.
Es como si nuestro cuerpo tuviera un modo automático de "lluvia" para que nuestras manos y pies se conviertan en herramientas todoterreno.
Fuentes: Investigaciones de la Universidad de Newcastle y estudios de biología evolutiva.

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