¿Por qué Umberto Eco eligió "El nombre de la rosa" para su famosa novela?


Cuando un libro se convierte en un éxito mundial, es normal que los lectores pasen horas buscando un significado oculto en su título. Con El nombre de la rosa, la gente teorizaba sobre mensajes místicos o secretos medievales. Sin embargo, su autor, Umberto Eco, reveló que su intención era precisamente la contraria: quería un título que no diera pistas fáciles.

La trampa de los títulos

Eco explicaba que el título es siempre una "clave interpretativa" y que eso le preocupaba. Si lo hubiera llamado, por ejemplo, La abadía del crimen (que fue su nombre provisional), el lector habría pensado que solo iba a leer una historia policial de acción. Al encontrarse con páginas y páginas de filosofía y debates teológicos, se habría sentido decepcionado.

Para él, el título ideal debía ser neutro. Intentó llamarlo Adso de Melk (como el narrador), pero a los editores no les gustaban los nombres propios.

La rosa: El símbolo que lo significa todo

¿Por qué una rosa? La genialidad de Eco residió en elegir un símbolo tan usado a lo largo de la historia que su significado se había vuelto infinito y, por tanto, difuso:

Al usar la palabra "rosa", el lector queda desorientado. No puede elegir una sola interpretación y eso es lo que el autor buscaba: que el título confundiera las ideas en lugar de dirigirlas.

El misterio del verso final

La novela termina con una frase en latín: Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus (La rosa primigenia permanece por su nombre, solo tenemos nombres desnudos). Es una reflexión sobre cómo las cosas desaparecen y solo nos queda su nombre. Eco quería que solo al llegar a ese último momento, el lector sospechara por qué el libro se llamaba así, después de haber barajado mil posibilidades más durante la lectura.

Como bien decía el maestro italiano, una novela es una "máquina de generar interpretaciones" y el título debe ser la llave que abre todas las puertas, no solo una.


Comentarios

Aidan ha dicho que…
El nombre de la Rosa puede resultar un título muy confuso que causa la atención durante todo el trayecto de la película, y una intriga inquietante de saber que significa “La Rosa”. En una entrevista a Umberto Eco, él afirma que el título no fue por una razón primaria cuando recién lo había terminado, sino luego de que la editorial lo rechazara por elegir sólo “Adso”, Eco quiso desviar la atención del lector para que quede a su criterio. Realmente no existe un fundamento fuerte ni estable mediante el cual se pueda confirmar el origen del título. Sin embargo, analizando las situaciones de la película se puede decir que: La Rosa por presentar variadas curvas en sus pétalos y tallos se asemeja a un laberinto, lugar donde se encuentra la biblioteca de los libros perdidos, típica de la arquitectura gótica- medieval. Exteriormente la torre de la librería, que aparece entre escena y escena como un intervalo, también es parecida a una rosa por la forma alargada y poco convencional como sus esquinas. En otro momento, se ve claramente detrás de Adso y de Guillermo, una ventana y en ella divida en 4 partes los pétalos de una rosa. La Rosa y su significado: pureza, femineidad, amor, su color rojo intenso sin duda, están ausentes en la película, comparándola con esos colores grises y apagados que en ella se perciben;y los sentimientos tan vacíos y oscuros que se reflejan. En un sentido más religioso, la rosa es relacionada con la Virgen María, de hecho, se la llama “Rosa Mística”. Aparece en los momentos tensos de la película, y es admirada, comparada con la perversión y la virginidad, y rodeada con pétalos de rosa. La Rosa, de hecho, aparece constatemente confundiendo y en él nos mantiene en la búsqueda de su verdadero significado. La misma incertidumbre que sentían los personajes a lo largo de su vida, de un instrumento que es la verdad y de la vida misma en la que se encontraban. No obstante, una interpretación plausible proviene de la última frase del libro: "Stat rosa pristina nomime, nomina nuda tenemus" que traducida libremente al español significaría "De la rosa no nos queda sino el nombre". Siendo la "rosa" una alusión a todo el acervo cultural y riqueza espiritual contenida en la biblioteca de la abadia y que pereció para siempre en el incendio, quedando solo su recuerdo.
Unknown ha dicho que…
El título se lo da precisamente la frase de la corriente nominalista que cierra la novela: "stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus" (traducción libre: "la rosa existe primero y sin su nombre, pero a nosotros no nos resta más que el nombre"), y que viene a decir que no podemos coger la esencia de las cosas (al contrario de lo que sostenía la doctrina de Aristóteles y la católica de Santo Tomás de Aquino).
Publicador ha dicho que…
Para hacer pensar a los lectores (y me parece genial, por cierto), Eco eligió un título enigmático con múltiples interpretaciones adecuadas al contexto de la novela. Él mismo lo dijo en "El nombre de la rosa. Apostillas a El nombre de la rosa.":

"La idea de El nombre de la rosa se me ocurrió casi por casualidad, y me gustó porque la rosa es una figura simbólica tan densa, que por tener tantos significados, ya casi los ha perdido todos: rosa mística, y como rosa ha vivido lo que viven las rosas, la guerra de las dos rosas, una rosa es una rosa es una rosa es una rosa, los rosacruces, gracias por las espléndidas rosa, rosa fresca toda fragancia. Así, el lector quedaba con razón desorientado, no podía escoger tal o cual interpretación; y, aunque hubiese captado las posibles lecturas nominalistas del verso final, sólo sería a último momento, después de haber escogido vaya a saber qué otras posibilidades. El título debe de confundir las ideas, no regimentarlas."
Anónimo ha dicho que…
Segun el propio autor:
El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, si no, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones? Sin embargo, uno de los principales obstáculos para respetar ese sano principio reside en el hecho mismo de que toda novela debe de llevar un título.

Por desgracia, un título ya es una clave interpretativa. Es imposible sustraerse a las sugerencias que generan Blanco y Negro o Guerra y Paz. Los títulos que más respetan al lector son aquellos que se reducen al nombre del héroe epónimo, como David Copperfield o Robinson Crusoe, pero incluso esa mención puede constituir una injerencia indebida por parte del autor. Le Père centra la atención del lector en la figura del viejo padre, mientras que la novela también es la epopeya de Rastignac o de Vautrin, alias Collin. Quizás habría que ser honestamente deshonestos, como Dumas, porque es evidente que Los Tres Mosqueteros es, de hecho, la historia del cuarto. Pero son lujos raros, que quizás el autor sólo puede permitirse por distracción.

Mi novela tenía otro título provisional: La abadía del crimen. La descarté porque fija la atención del lector exclusivamente en la intriga policíaca, y podía engañar al infortunada comprador ávido de historia de acción, induciéndolo a arrojarse sobre un libro que lo hubiera decepcionado. Mi sueño era titularlo Adso de Melk. Un título muy neutro, porque Adso no pasaba de ser el narrador. Pero nuestros editores aborrecen los nombres propios: ni siquiera Fermo e Lucia logró ser admitido tal cual; sólo hay contados ejemplos, como Lemmonio Boreo, Rubé o Metello… Poquísimos, comparados con las legiones de primas Bette, de Barry Lyndon, de Armance y de Tom Jones, que pueblan otras literaturas.

La idea de El nombre de la rosa se me ocurrió casi por casualidad, y me gustó porque la rosa es una figura simbólica tan densa, que por tener tantos significados, ya casi los ha perdido todos: rosa mística, y como rosa ha vivido lo que viven las rosas, la guerra de las dos rosas, una rosa es una rosa es una rosa es una rosa, los rosacruces, gracias por las espléndidas rosa, rosa fresca toda fragancia. Así, el lector quedaba con razón desorientado, no podía escoger tal o cual interpretación; y, aunque hubiese captado las posibles lecturas nominalistas del verso final, sólo sería a último momento, después de haber escogido vaya a saber qué otras posibilidades. El título debe de confundir las ideas, no regimentarlas.
Anónimo ha dicho que…
En efecto, como casi todos habéis apuntado correctamente, el título de la obra responde a una intención del autor de desviar la atención del lector de éste, o más bien, de centrarla exclusivamente en la trama.

Podríamos decir que el éxito de la feliz idea de Eco ha sido parcial porque, sí bien es cierto que el lector se sumerge en la historia de Adso, también lo es que muchos recorremos la novela en busca del oculto significado de su título. De cualquier forma, nos encontramos ante una obra cumbre del género literario. ¿Mejor que la película? Sin duda (aunque Sean Connery consigue que sea espectacularmente buena). Aprovecha este verano para descubrir el misterio de los asesinatos en "la abadía del crimen".

Gracias por participar. Aidan, jirodino y Xavi suben al ranking.
Santiago, tu respuesta es muy lógica y no está mal encaminada. De todas formas el verso final tan sólo es una explicación alternativa para el lector ávido de respuestas que no ha leído aún las propias palabras de Eco. Con ellas y con la nueva pregunta curiosa, me despido hasta la semana que viene. ¡Sed buenos!
Esclitorica ha dicho que…
hola, hace un tiempo leí, el texto de Humberto Eco que estas citando y donde habla sobre porque eligió el titulo de su obra, pero es hasta esta fecha que no lo he vuelto a encontrar. Podrías decirme como se llama, te agradezco infinitamente.